Sobre la obra de Bettina Muruzábal
Tan puro es el desierto que una frescura fósil lo distingue.
Como si la Patagonia fuera maternal como la luna para un viajero nocturno, en el desierto la virtud de los espacios donde habitan los hombres es que se acogen para recibir a la memoria. Pero, aunque maternal no es una mujer protectora, sino un abismo, un vacío, una mujer plena que contiene lo que le sale al paso. Lo contiene como embarazándose de esos elementos, en la forma de la memoria.
Eternamente embarazada de sus memorias. Memoria de las flores, memoria de los peces, memoria de sí misma en su contrapunto, esto es una luna embarazada de frío. Cuando la luna sale, detrás de un horizonte holgado y empapada de aterimiento, el desierto se ve puro como un potencial útero de infinitas cosas. Por eso es que su feminidad la marca como el todo del desierto.
Muchos hay que vienen hacia aquí. Mas cuáles son esas razones. ¿Son razones materiales o maternales? La obra de Muruzábal nos inclina a considerar la segunda razón. Pero es tan fuerte esta realidad desértica que causa un desarraigo.
Algunos se creen desamparados en ella, sin embargo, esto merece una consideración. Bien entendida esta realidad conmueve al que no tiene memoria del mundo sino memoria de una pequeña parte: De una calle, de unos amigos, de una situación climática. En este caso hablamos de recuerdos y no de memoria. La Patagonia no es un lugar de recuerdos sino de memorias. Tolerar la presencia de la memoria es más desafiante que tolerar la presencia de recuerdos. La Patagonia no desarraiga, sino que nos arraiga en la memoria.
La memoria atraviesa el plano personal y, es más una suerte de imaginación de lo que en el mundo se a realizado. Muruzábal esta ardiendo de memoria. Tanta memoria que es imposible abarcarla. Y hace bien en no abarcarla toda.
Su sintaxis procura un elevarse desde las percepciones vividas a las sensibles fuerzas de lo insensible. Los espacios vacíos que deja en cada trabajo confiesan un arraigo a la memoria que la Patagonia pretende restituir. Ayudar a restituir la memoria es tan laborioso que la autora, también dentro de este grave vacío, práctica con humildad, lo cual le permite permanecer en ese ejercicio solidariamente.
Aldo Enrici