El círculo de las estaciones, de los días y las noches es quebrado por un sonido regular que haría crecer en el espacio, a las ciudades y dividiría el tiempo para siempre.
Un discurso de campanas estremeció las olas del estrecho. Atravesándolo con un paisaje extraño, salpicado de campanarios que marcan el límite entre la tierra y el cielo.
Las campanas de los “bronces sagrados” serían la “banda sonora” de la vida de las personas y de las comunidades, en este lugar de la tierra.
Bettina Muruzábal